lunes, 11 de julio de 2016

UNA MAÑANA AGITADA

El ventilador que no gira se encuentra en el lugar preciso donde tu cuerpo solía reposar, aunque esta vez sólo lanza el vital gas a un par de libros; Al olvido se va como a la muerte y Diario de una batalla. La ventana, cerrada por la costumbre de asustarme de la oscuridad de afuera, deja entrar rayos de luz que se mimetizan con sonidos cotidianos, que oscilan entre picos y voces.
Allí, justo debajo de la construcción de metal y vidrio, se posan cuatro palabras y dos fechas que tienen estricto carácter sentimental; Te amo 06/06/2015, Te amo 04/11/2015.
Miro las construcciones lingüísticas, desde la dirección donde estoy, y se escapa una mirada adelante, hacia la dirección del conjunto de libros que supongo definen mucho lo que se encuentra en mi mente. Un par de libros tuyos yacen en reposo, uno perdido entre la papelería, otro debajo del retrado caricaturesco que nos dio un amigo, el blanco y negro, el que no era para difundir, y que con tanto orgullo muestro, por su talento para dibujar, por nuestro talento de hablar entre nosotros con nuestros ojos.
Las líneas  del tiempo caminan sobre algunas paredes, y éstas se trazan caminos inciertos, que sólo la naturaleza ha de entender, y que en mi afán de quietud dejo allí para que me recuerden la vejez de los segundos. La paredes rayadas por promesas que me hice hace años, que luego he logrado entender, al saber que la ansiedad del futuro sólo se vence con una pizca constancia y voluntad. En alguna de ellas, un trozo de papel con una meta para el año en curso; aprender un nuevo idioma.
El cielo acompaña la mirada con su verde  cuerpo, y un toque de canela metálica, como muerto, sin vida ajena arriba o abajo. Mientras las telarañas ondulan en los rincones, algunas solitarias otras con huéspedes, digo, conmigo como huésped ante ellas, ante su única vida.
Un cerro de ropa sucia, un montón de papeles sin sentido, me recuerdan el desorden que comparto contigo, y del que te avergonzabas desde tu lado, creyendo que desde aquí salían miradas que juzgaban, cuando se componían de críticas de belleza en el desorden de nuestras mentes.
Dos clavos en la misma pared de la meta, solitarios, donde se encontraba el calendario de tareas que se colaban en mi vida, esas cosas académicas que debemos hacer para que nos definan con números la vida, como si ya no fuera suficiente soportarla. Dos clavos, a medio clavar, uno un poco doblado, el otro más alto inclinado, en puntos distantes, siguiendo vidas separadas a causa de la falta del próximo almanaque. Siguen allí, no se han ido, siguen esperando a dicho objeto que les da valor a su existencia, siguen esperando uno de tus delicados planes, esos que mejoraban nuestras vidas, la mía por verme superar, la tuya por verme superarme, la nuestra por hacernos felices.
Arriba del escaparate, ese donde acicalabas tu belleza frente al espejo, donde ordenabas tu cabello, y desde donde me mirabas de reojo, mientras yo tiraba miradas al infinito y tú queriendo encontrarlo, esas cosas de mujer que a veces no te entiendo. Un closet con sucio de mi rostro en una orilla, que llegabas a ignorar siempre, como si no estuviera algo allí que te incomodara, ya que me has aceptado hasta en mis gases suicidas. ¡Ah! cierto, arriba, está la bolsita azul con remolinos, armada como si de regalo dentro se tratara. ¡Qué énfasis le hiciste a los remolinos azules! esos que cambian de color con la luz, esos que de seguro se encuentran en este momento en tu cabeza, esos que con seguridad están en la mía. Pero el armario, ese sí que tiene historias nuestras, escritas en silencio o con ruido, movido de lugar o donde siempre, y tiene grabado tu silueta, como te encaminas en la calle o como más ha logrado impresionarme, como llegaste al mundo.(Debo admitir que escribirte esto, ha logrado calentar mis orejas y contraer uno de esos lugares distantes a ellas... ¿te sentirás culpable si sientes lo mismo?, yo me siento Dios)
Hoy el perro no durmió aquí, así que no escucharías mi gañote tratando de sacarlo, y menguarías en la desnudez del espíritu entre mis miradas certeras y las tuyas en un intento de esconderse, cuando ya nosotros sabemos que podemos entrar y salir del único lugar que nos hemos reservado sólo para ambos, nuestra alma. Para quienes amamos la esencia en el otro, no hay escapatoria, ya la hemos hecho una, debes saberlo tanto como yo, ¡y no! no encapsulo tu libertad, sólo menciono la misma que has tenido de elegirme, y entregarme tus más preciados tesoros, como lo he hecho, como sabemos hacerlo.

Todo está en orden en el mundo, todo se encuentra en su lugar, todo, el que no se encuentra soy yo...

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