jueves, 21 de julio de 2016
SOBRE LA LUNA
Hoy miré la luna como si no existiese un mañana, inmensa, blanquecina, con un toque de gris como el que te gusta, y con nubes a la altura de su cintura, para no desnudarla por completo y dejarle a la imaginación el brillo entero. La miré mientras las calles se despeinaban del murmullo, mientras la soledad escuchaba los pasos que dejan las sombras de los que se han ido, la miraba a los ojos míos.
Sé que no notarás mi presencia en ella, pero sé que sabrás que si la miraste, aunque haya sido por error de la noche, me habrás encontrado en su reflejo, con la única imagen de ella como distancia entre tú y yo.
Es allí donde encontrarás refugio cuando la noche sea fría, cuando se escapen las almas y congelen los cúmulos, es allí donde el calor hace temblar los huesos del espíritu. Es allí donde encontraré a mi cómplice silenciosa. Allí, detrás de las nubes, husmeando tu dormir o escuchando tu falta de sueño, allí.
Luego sabrás, que en cualquier lugar donde estés, tienes a alguien como yo escribiendo algo para ti, y te sentirás cómoda al saberlo, y quizá con un poco de miedo de que pueda no ser tuyo. Y querrás ocultarlo de la vista de los demás, porque será tan tuyo que no dejarás que el mundo pueda apropiarlo, y lo harás parte de ti, entre tu cascada y montaña, te lo tatuarás en el alma, y no habrá forma de borrarlo, porque fue escrito de ese combustible que moja las cienes en la locura y las desborda. Tú lo sabes, que implotaría si no lo hiciera... tú y la luna han de saberlo.
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