Y amaste tanto los libros tanto, que te convertí en uno...
Tomaste mi mundo, lo doblaste, lo rompiste, lo esparciste por el suelo, y luego, cuando la humanidad que me compone no tenía intenciones de ser, lo armaste. Tal acto de amor, todavía no ha tenido una hazaña que lo compare, y es así como debe ser, porque nada ha de compararse.
Debes disculparme cuando vayas camino a tu vida, de ida o vuelta, quizá tropieces siempre con un trozo de esto que te he dado, quizá, te amo un poco más...
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